viernes, 10 de diciembre de 2010

Testigos

Testigos

Esa cólera secreta que atisba en discreta luz
ese silencio, amigo mutuo de cafés,
ese caminar de musgo y hiedra
esa oreja codiciosa que no filtra amor.

Esos ojos sin párpados estáticos de tu alma
ese absorber sin contener y beber sin hidratar
ese derramamiento en bondad y nobleza
que te hace seguir sola con tu humo
y abundante soledad acompañada.

Esa inspiración de aire que te inunda,
y que en la noche es una exhalación lánguida
de tus libros y tristeza
con la pregunta doliente y permanente
de tu propia carne ofrecida
como pago a tu sacrificio.

Para ya al dolor contigo
aunque el mundo se desconcierte.
Es el mundo tu refugio y tú
su permanente dolor silente.