lunes, 14 de septiembre de 2009

Soliloquio de un nombre

¿Por qué con tanta agua no logro ahogar tu nombre?
Ni las lágrimas vertidas en el silencio
o el abismo de la angustia que me arropa en las noches
me lleva a tus vocales, a tus benditas tres vocales,
aquellas que nombro…
que marco en el cielo de tu ausencia
o en la comisura de tus labios inexistentes.

Hoy existes para mi porque el verbo da sentido;
es el eco que reviste mi soledad
de tu presencia inmarcesible en la fuga de un recuerdo
inacabado, inagotado… no sometido.

Venga entonces la lluvia que dispersa
la costumbre citadina y contagia con su llanto
la tristeza en el charol de la noche.

Venga entonces la luna sin suspiros y
sea la noche que me inunde y te inunde
en calma necesitada por el tiempo de tus cabellos
esparcidos en mi sombras sin intermisión.

Porque te he querido y te quiero
cubierta en mis manos y los dos puntos
exactos de tu cintura de donde naciste hacia mi
y de donde naces hacia allá,
en el misterio de tu voz que oculta la intención.

Y entonces el agua no te llega…
ni la lluvia ni el recuerdo, solo la perenne
metáfora de la voz que te llaga en el recuerdo
y que nunca dejas ni pretendes alejar….

Vive entonces ahí y deja luego que la lluvia
camine, inunde, ahogue lo que nunca has de tener
y que por siempre llevarás .

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